jueves, 3 de noviembre de 2011

" Todos los días es el Día de los Muertos"



“Todos los días es el Día de los Muertos”

Cuando éramos chicos el día de los muertos, el día de los Santos Difuntos ; eran días de celebración, por lo menos allá en mi pueblo : un pequeño sitio en el interior del Chaco a 360 km de la capital chaqueña,- la ciudad de Resistencia-; y casi en el límite con Santiago del Estero, -a 80km nada más.
Entrada al pueblo-donde dábamos nuestra"vuelta al perro".

Con la abuela y con las tías abuelas, los primos y hermanos  ;  el 1° de noviembre comenzábamos los preparativos : velas, comidas, flores de papel crepé, recuerdo que las manos se nos manchaban del color de esas tintas de los papeles ; manteles, botellas de todo tipo, tamaño y color.
Y el 2 de noviembre nos encontraba a todos ahí en la puerta del cementerio viejo , temprano estaban ya las lloronas en procesión,listas para gritar sus llantos ante la tumba del que lo pidiera!
Nosotros-los más chicos- listos para el ritual desde temprano, y venían los padrinos y los gringos del campo, con sus volantas y jardineras, las gringas con vinchas de colores y adornadas con flores.
Mi pueblo con el tiempo se convirtió en casi esta pequeña ciudad que es hoy, General Pinedo tiene alrededor de 20.000 habitantes, no es más aquel pequeño sitio polvoriento donde no éramos mucho más que 5 ó 6 mil almas habitando el territorio.
Y  ayer mismo, cuando desayunaba, y miraba por el balcón del departamento el movimiento caótico, confuso ,urbano ,de mi barrio, -el barrio de Flores, en la esquina de Rivadavia y Nazca;-pensé por un momento en esa celebración de mi infancia y parte de mi adolescencia y sentí cuánto de mí aún permanece allí ,anclado en  esos parajes polvorientos ; donde los paisanos aún transitan con sus sulkys,  donde los changuitos y las chinitas siguen caminando kilómetros para llegar a la escuela del pueblo,  donde la soja vino a reemplazar escandalosamente al algodón; donde el cáncer hace estragos entre conocidos y gente joven del pueblo producto de la gran contaminación con agrotóxicos que, con impunidad  y codicia incontables, espolvorean los grandes patrones de la tierra sobre los campos del Chaco.
Escuelita de Pinedo-frente a la estación de trenes.

Pensé en el título de Pagina 12 de hoy:-“todos los días es el día de los muertos”; sí efectivamente en una ciudad donde el cruce ferroviario es una emboscada vital, que te arrebata en un minuto fatal los sueños y la vida ; en un México asolado por los narcos donde centenares de civiles siembran sus calles de cadáveres y tumbas, pensé en tantas muertes en tantos muertos que andan vivos, que caminan las veredas de esta ciudad con uno.
 Gente que huele a muerte, a miedo, a resignación, vidas que dan un  testimonio fúnebre de la existencia cada día porque la juegan de indiferentes  ante lo que acontece en  las otras vidas, las de sus pares
.

Muertos vivos que miran de  costado, creen no ser parte de un tejido social  dinámico y activo; que intenta poner sentido al dolor y la desigualdad cotidianamente, desde un gesto , desde una resistencia por pequeña que parezca, desde una escuela simplemente,desde una lucha por la dignidad del trabajo...
El día de los muertos debiera volver a celebrarse como en la infancia; cuando nos reíamos de las anécdotas de nuestros  “finaditos"; porque recordar con alegría aquellas otras vidas era una manera de conjurar el miedo y la tristeza, un modo digno de la memoria de los que ya no están pero viven siempre que los celebramos.

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